Bioterrorismo a lo largo de la historia: el caso del Ántrax

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La Microbiología es, para mí, una de las ciencias que mayor contribución a favor del hombre hace en diferentes campos del conocimiento. Sin embargo, cuando es usada en contra de la humanidad, se convierte en una potente arma bioterrorista, en cuyo caso más sonado a nivel mundial corresponde al del Ántrax.

Y es que las muertes masivas por agentes biológicos no son algo propio de este siglo, por ejemplo, se tiene evidencia que hacia el año 500 AC ocurrió la famosa Peste de Atenas, una enfermedad similar a lo que hoy conocemos como fiebre tifoidea y que causó en ese entonces alrededor de 100.000 muertes. Hay otros registros en Europa acerca de la Peste Antonina que causó la muerte del 30% de la población, de la Peste Justiniana y de la Muerte Negra que resultó en la extinción de un 70% de la población.

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Datos de desastres biológicos más recientes tienen como referente la pandemia de la fiebre amarilla de 1793 en Estados Unidos, el cólera en los 1800s y viruela en las Américas, así como sarampión y paperas. Esto, pasando por virus como el H1N1 por allá en el 2010 y el Ébola en el 2014 como últimas referencias.

Ahora bien, en muchos casos a través de la historia, las plagas biológicas no han llegado “de la nada”, sino que son fruto del terrorismo, del reconocimiento de los miedos de los demás y de la irresponsabilidad del victimario.  Entre estos desafortunados eventos se puede recordar cuando, en plena Primera Guerra Mundial, se infectaban caballos y mulas con Bacillus anthracis y Burkholderia mallei (agentes que provocan el ántrax y el muermo, respectivamente).

De hecho, haciendo énfasis en Bacillus anthracis como arma bioterrorista, el antecedente que más marcó el inadecuado uso de esta bacteria corresponde también con el peor ataque terrorista de los últimos años: el 9/11, día en que atacaron las Torres Gemelas y el World Trade Center en Nueva York en el año 2001. Se sabe que una semana después de estos lamentables ataques, fueron enviadas cartas con la bacteria a través del Servicio Postal de E.U a las oficinas de la NBC News, el New York Post, un outlet media de la Florida y al Senador Tom Daschle en Washington DC. Se identificaron en total 22 casos de infección por Ántrax (11 por inhalación y 11 por vía cutánea); 5 de los primeros fueron mortales.

…Pero ¿qué es el Bacillus anthracis y cómo produce la enfermedad?

Bacillus anthracis es una bacteria formadora de esporas (una especie de estructuras de resistencia que les permite hacer frente a las condiciones medioambientales hostiles), además se considera un patógeno que causa la enfermedad del Ántrax mediante la combinación de la infección bacteriana y toxemia (presencia de tóxicos en el organismo). Es además una bacteria clasificada como Gram-positiva, vista al microscopio como formas alargadas o bastones.

El ciclo de vida empieza una vez la bacteria forma sus esporas después de la muerte del hospedero infectado. Las esporas pueden permanecer en dormancia por muchos años en el suelo y empezar a crecer de nuevo y secretar toxinas luego de entrar a un nuevo hospedero susceptible a infección. Hay tres formas de Ántrax definidas por la ruta de ingreso al organismo: cutánea, gastrointestinal e inhalatoria.

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¿Y una vez dentro del organismo, qué ocurre?

Algunos estudios han demostrado que las esporas son fagocitadas por macrófagos (células que produce el cuerpo para destruir material extraño) y células dendríticas (características del sistema inmunitario), las cuales sirven como “caballo de Troya” para llevarlas desde sitios periféricos a los nódulos linfáticos locales en donde germinan para transformarse en bacterias productoras de toxinas.

Para establecer una infección exitosa, B. anthracis debe superar la defensa del hospedero, encabezada por los neutrófilos. Aunque esta bacteria puede ser eliminada satisfactoriamente por medio de antibióticos, las toxinas liberadas a la circulación pueden aún causar la muerte del hospedero. Entre los efectos de las toxinas, se encuentran la inducción de toxicidad y letalidad mediada por hipoxia (baja concentración de O2), que provocan daños en varios tejidos, incluyendo tejidos internos como el endotelio, el corazón, y el tracto gastrointestinal; demostrados en varios modelos animales.

Vistos estos mecanismos de virulencia, se hace necesario un tratamiento diferente a antibióticos que logre hacer frente a una amenaza mundial de una bacteria que, usada en contra de la humanidad, podría causar millones de muertes. Aunque no se ha vuelto a hablar de casos de bioterrorismo asociado a Ántrax, el peligro es latente, más cuando por estos días un irresponsable presidente de nombre Donald Trump, lanza constantes improperios al dictador norcoreano, al otro lado del mundo. Las relaciones están bastante deterioradas, así que espero que ninguno contemple este tipo de armas dentro de su arsenal bélico.

Hasta en la prevención y lucha contra el bioterrorismo estamos implicados los microbiólogos. Nunca conocí una ciencia que abarcara tantos campos del conocimiento, ¡una locura!

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Fuentes consultadas:
  • Liu S., Moayeri M., Leppla S (2014). Anthrax lethal and edema toxins in anthrax pathogenesis. Trends in Microbiology.
  • Wagar E (2016). Bioterrorism and the Role of the Clinical Microbiology Laboratory. Clinical Microbiology Reviews 29(1):175-189.
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Juan Camilo Mesa

Soy Microbiólogo Industrial de la U. Javeriana y estudiante de Nutrición y Dietética. Aquí me leen en tres categorías: Microbiología, Nutrición y Opinión. Creo ciegamente en que la educación es el camino hacia un mejor país, por eso creé este espacio, que espero sea del agrado de ustedes los lectores.

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